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Análisis

Dimensión internacionalista de la Revolución Popular Sandinista

sandinista Redacción Visión Sandinista
calendar_today 24 de julio, 2025
schedule 4 min de lectura
Dimensión internacionalista de la Revolución Popular Sandinista

Jonathan Flores M (*)

46 años del triunfo histórico del pueblo nicaragüense sobre la dictadura somocista, resulta imprescindible recuperar una de las dimensiones más profundas de la Revolución Popular Sandinista: su vocación internacionalista. No como una política exterior circunstancial o como un gesto diplomático, sino como principio imperecedero ético-político y fundante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), expresión concreta del compromiso con los pueblos del mundo que luchan o han luchado por su liberación.

Desde su fundación en 1961, el FSLN asumió su carácter revolucionario no solo como una respuesta al régimen de opresión interna, sino como parte de una causa más amplia, la lucha antiimperialista y anticolonial que unía al sur global.

Inspirado en el pensamiento de Sandino, en la gesta cubana y en los movimientos de liberación nacional de Asia y África, el sandinismo comprendió que la emancipación de Nicaragua no podía disociarse de la lucha de los pueblos del mundo contra el imperialismo en todas sus formas.

En ese sentido, el internacionalismo del FSLN fue desde un inicio una praxis concreta: entrenamiento guerrillero en Cuba y otros países solidarios y una política de articulación con redes revolucionarias y progresistas en América Latina, África y Asia. La solidaridad que recibió Nicaragua en la etapa de lucha armada no fue pasiva, fue el reflejo de una identidad compartida entre pueblos que se reconocían en la necesidad común de liberarse.

Solidaridad revolucionaria como principio político

El triunfo del 19 de julio de 1979 no solo significó la derrota de la dictadura somocista, fue también una victoria simbólica del Sur Global, que vio en Nicaragua una esperanza concreta de transformación. A partir de entonces, el gobierno revolucionario sandinista implementó una política exterior basada en la solidaridad activa, el reconocimiento mutuo y la cooperación entre iguales.

En los años 80, Nicaragua fue escenario y actor central del internacionalismo solidario con expresiones como brigadas médicas cubanas, apoyo técnico de Vietnam, respaldo político del Movimiento de Países No Alineados, solidaridad de partidos de izquierda europeos, brigadistas voluntarios de América Latina, África y Europa, y una intensa actividad diplomática articulada con los movimientos de liberación nacional aún en lucha.

Este internacionalismo no fue un accesorio, sino un componente estructural del modelo de relaciones internacionales que promovía el sandinismo; es decir, un modelo horizontal, ético y popular, que desafiaba el orden bipolar de la Guerra Fría sin caer en la lógica de bloques hegemónicos.

Internacionalismo y soberanía

La Revolución Popular Sandinista demostró que es posible construir soberanía desde el internacionalismo. Frente al intento imperial de aislar y castigar a Nicaragua, el FSLN profundizó sus relaciones con los pueblos del mundo, creando redes de resistencia y solidaridad que siguen vigentes hasta hoy.

Esta concepción rompe con la visión liberal del Estado-nación como actor aislado. Para el sandinismo, la soberanía nacional se fortalece precisamente cuando se articula con otros pueblos que enfrentan enemigos comunes -el colonialismo, el capitalismo depredador, la injerencia extranjera- y comparten horizontes comunes -justicia social, autodeterminación, dignidad-.

En ese marco, el ALBA-TCP, Petrocaribe y otras iniciativas del siglo XXI impulsadas por gobiernos progresistas de América Latina han retomado y actualizado la lógica del internacionalismo revolucionario, con Nicaragua como actor protagónico. La cooperación energética, educativa, sanitaria y alimentaria entre los pueblos del Sur ha sido expresión de que otro modelo de integración es posible, sin condiciones, sin chantajes, sin recetas impuestas.

Un legado vigente en tiempos de transición global Hoy, en un mundo atravesado por el colapso del orden liberal, la crisis climática, el ascenso de nuevas potencias y el resurgir de proyectos emancipatorios en el Sur Global, la dimensión internacionalista del FSLN cobra nueva relevancia. Nicaragua es parte de una comunidad global de pueblos que siguen enfrentando las mismas estructuras de dominación y, al mismo tiempo, construyen alternativas de vida desde abajo.

Hablar del internacionalismo sandinista en este 46 aniversario es reconocer que nuestra revolución nunca fue solo nicaragüense. Fue y sigue siendo parte de una lucha global por la dignidad. Es reafirmar que el camino de los pueblos que no tienen más opción que la revolución, es también el camino del encuentro, de la solidaridad, de la unidad en la pluralidad.

Internacionalismo y soberanía

(*) Docente-investigador y analista geopolítico de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN- Managua.

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