Gracias a la Revolución está siempre “entre nosotros”
Darío en la memoria y el corazón del pueblo

Darío en la memoria y el corazón del pueblo

Oscar Robelo

Un Rubén Darío en la memoria y el corazón del pueblo nicaragüense es una de las principales e importantes victorias que el gobierno sandinista ha logrado con el desarrollo de sus políticas y estrategias implementadas en el campo de la cultura. Se demuestra en cada rincón del país no sólo durante las jornadas darianas para conmemorar sus aniversarios de nacimiento o de tránsito hacia la inmortalidad, sino permanentemente.

Ahora, después del triunfo de la Revolución Popular Sandinist a, particularmente en esta segunda etapa, la vida y obra del poeta universal se conoce y se estudia desde las aulas de la educación primaria hasta en la universidad. En el pasado, durante la dictadura somocista y los años de gobiernos neoliberales, sólo se hacía referencia del Padre del Modernismo “como una estampa”, según Wilmor López, asesor presidencial de Cultura Tradicional y Popular.

“Se celebraba, pero no se sabía quién era Darío, y se hacía en una semana, un mes; ahora tenemos un Darío permanente”, sostiene, para resaltar que cada año el Ministerio de Educación organiza concursos, en los coros estudiantiles se ha incorporado la poesía del bardo, se realizan innumerables actividades académicas y culturales para tenerlo siempre entre nosotros. “Eso es parte de la educación que este gobierno nos brinda”, asegura.

Obviamente, las actividades se multiplican durante la celebración de la Jornada Dariana para conmemorar su aniversario de nacimiento el 18 de enero y su paso a la inmortalidad el 6 de febrero. Para el Asesor Presidencial, la de este año fue una de las más grandes que ha habido en la historia en todo el país. “Se sintió Darío y fue acertado el título <Darío entre nosotros>, porque yo sentí que estuvo conmigo hasta en la mesa”, refiere.

Al recordar que el Príncipe de las Letras Castellanas también era músico porque tocaba la guitarra, su primer instrumento fue el acordeón y cuando vivía en París compró un piano con el que sacaba melodías, Wilmor precisa que en Nicaragua se sintió un Darío músico con la musicalización que han hecho de su poesía nuevos artistas.

Darío músico y folklorista

Como ejemplos pone a Ricardo Centeno, de Masaya, que musicalizó ocho poemas del poeta; y en Ciudad Darío “salieron los Chocoyanos con una ristra de canciones que son poemas de Darío, y de Perú nos trajo Marcela Pérez Silva un Darío con música peruana”.

A juicio del Asesor Presidencial, la poesía de Rubén Darío era música. “Recordemos Cantos de vida y esperanza, Marcha triunfal, Canción de Otoño, Sinfonía en gris mayor, todo eso es música y tiene otras composiciones que llevan la música”, reitera.

Wilmor resalta que el creador del Modernismo era profundamente crítico en sus artículos como periodista, como uno que escribió sobre el folklore en Centroamérica y sus recopiladores. “Había ahondado en el folklore nicaragüense. Es el primero en utilizar la palabra folklore y la escribe con guion fol-klore y después esa palabra se unió”, dice, indicando que -gracias a la Revolución- Darío, aunque trasciende, se revela como un folklorista.

Igual hizo con la obra del Güegüense que, aunque no la miró en su representación, la leyó en su totalidad y escribió un artículo en el que emite un juicio: el Güegüense habla por su pueblo. Además, para nada le fue ajeno las purísimas, las alfombras pasionarias de León, las pastorelas, el baile de la Gigantona, el Toro-Huaco, entre tantas expresiones culturales populares.

Al concluir, el alto funcionario sostiene el carácter visionario del gobierno sandinista, pues “le está dando lugar a los grandes cultores de Nicaragua entre artistas, poetas, la intelectualidad nicaragüense, popular está recobrando vida”.

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