Venezuela contra el fascismo y la lucha por la paz

Venezuela contra el fascismo y la lucha por la paz

Jonathan Flores M. (*)

Primo Levi, un sobreviviente del holocausto nazi dijo que “Cada época tiene su fascismo”. El fascismo se entiende desde la perspectiva actual como facciones ideológicas que se opone a la soberanía popular, propugna el conservadurismo social y favorece a las élites de poder, es por naturaleza contrarrevolucionario y sirve como estrategia de las organizaciones políticas de extrema derecha que utilizan la violencia y la instrumentalización de las masas para alcanzar sus objetivos políticos.

El fascismo en el siglo XXI puede adoptar múltiples caras y se apalanca mediante el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, la exacerbación de discursos de odio, el racismo, la xenofobia y el etnocentrismo. El fascismo, por sus raíces históricas, se cimenta en el colonialismo y en el modelo “civilizatorio” occidental, por lo que se puede decir que no es incompatible con el neocolonialismo y el imperialismo moderno.

El fascismo y la estética de la violencia política

Una de las expresiones más comunes del fascismo es el uso de la violencia como medio para lograr los intereses políticos y alcanzar el control del Estado y el dominio cultural de los pueblos. Los movimientos fascistas reflejan una perspectiva estética de la violencia; es decir, normalizan el uso de la violencia sociopolítica como una forma “legítima y positiva” para materializar los intereses políticos, económicos y geopolíticos de los poderes hegemónicos.

En el caso de América Latina, las expresiones fascistas de la extrema derecha han instrumentalizado la violencia para desestabilizar países, impulsar golpes de Estado y deslegitimar a gobiernos de corte revolucionario que se oponen a la hegemonía e intereses occidentales.

A nivel latinoamericano, los casos más patentes han sido Venezuela, Bolivia y Nicaragua, que han sufrido este tipo de agresiones basadas en el uso de la violencia y la inoculación ficticia de sentimientos de crisis y descontento generalizado que inciten a la movilización social instrumentalizada por los poderes fácticos.

En la estética de la violencia el fascismo codifica el discurso mediático como una lucha cruenta “del bien contra el mal”, se sustenta en la estereotipificación del otro a través de discursos discriminatorios, excluyentes y deshumanizantes.  La violencia es una condición inherente del fascismo que pretende erradicar todo aquello que se opone a su proyecto político.

Es común dentro de la propaganda fascista despojar al otro/adversario de sus cualidades naturales y humanas, ridiculizando sus capacidades intelectuales, menospreciando origen social, encerrándolos en conceptos y categorías políticas aberrantes y excluyentes. Tal es el caso del sionismo contra los palestinos, o de Trump contra los inmigrantes, del imperialismo contra los revolucionarios, del neoliberalismo contra cualquier expresión socialista o revolucionaria. Este despojo retórico es lo que justifica la violencia del fascismo que culmina en la aniquilación física y simbólica del otro.

Descifrando el fascismo y sus nuevas expresiones políticas

El auge del fascismo en América Latina no es de reciente data, se remonta a la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, en la actualidad sus expresiones son diversas y se han adaptado a los contextos nacionales y al desarrollo tecnológico y cultural. El surgimiento de nuevos movimientos de extrema derecha no es espontáneo, tiene sus raíces en las configuraciones históricas de las oligarquías y burguesías tradicionales tributarias del colonialismo y el imperialismo que postularon proyectos nacionales desde premisas políticas excluyentes, privilegiadas y clasistas.

En América Latina, el fascismo sigue orientando su discurso y su praxis política contra cualquier expresión de corte socialista. El fascismo se constituye en la oposición política a las fuerzas de izquierda que vindican la defensa de la soberanía nacional y el respeto a autodeterminación de los pueblos.

Los grupos fascistas abalanzados contra Venezuela son patrocinados por los países que abonan al discurso de la democracia liberal, operan bajo el espectro mediático occidental y del financiamiento de Estados Unidos y sus aliados. Se expresa como un fascismo dependiente y mercenario que tributa a los intereses hegemónicos.

Las tácticas del fascismo se basan en el sabotaje, el terrorismo, la desestabilización política, la tensión social, la guerra psicológica. Es decir, en una política del caos proyectada de manera ficticia o real desde los medios de comunicación.

El surgimiento de figuras políticas fuertemente mediatizadas es otra táctica del fascismo, ofrecidas como redentoras y pseudohéroes aglutinantes capaces de ofrecer soluciones políticas. Tal es el caso de Juan Guaidó que, en 2019 se autoproclamó como presidente interino de Venezuela con el auspicio de Donald Trump. El mismo patrón se repite con Edmundo González, autoproclamado ganador de las pasadas elecciones presidenciales en Venezuela y protagonizando desde el extranjero una nueva burbuja mediática internacional y desestabilizadora.

Socavar las instituciones públicas también forma parte de las acciones desestabilizadoras del fascismo, los llamados a las fuerzas armadas para derrocar al presidente Nicolás Maduro son constantes y forma parte de las tareas encubiertas de la Casa Blanca y el Pentágono en Venezuela. A todo este complot geopolítico, se le suma el brutal régimen de sanciones unilaterales contra el pueblo venezolano.

El proyecto bolivariano y la lucha de resistencia

Desde la llegada al poder del líder revolucionario Hugo Chávez Frías y el impulso de la Revolución Bolivariana en Venezuela, el país ha sido asediado por las tácticas fascista que propugna un cambio de gobierno y la aniquilación del proyecto político de la izquierda revolucionaria en Venezuela y en el resto de América Latina. Los intentos de despojo imperial de la soberanía del pueblo venezolano, se encarnan en una alianza entre los poderes hegemónicos y la élite oligárquica y burguesa nacional.

El proyecto bolivariano es y seguirá siendo, por su naturaleza histórica e ideológica, un proyecto antimperialista, revolucionario, soberanista y antifascista. Desde el punto de vista geopolítico, Venezuela no solo representa un territorio codiciado por sus abundantes recursos petrolíferos, sino que geo culturalmente constituye un obstáculo para el dominio colonial de Estados Unidos al resto de America Latina a como lo es Cuba en el Caribe y Nicaragua en Centroamérica. Estos países son bastiones de resistencia antiimperialistas y que llevan siglos en resistencia y sobrevivencia.

No es casual, por ejemplo, que paradójicamente el gobierno de Estados Unidos declare que países como Cuba, Venezuela y Nicaragua representan una amenaza inusual para su seguridad nacional. En el contexto del siglo XXI, las tácticas fascistas y el surgimiento de movimientos fascistas en América Latina están vinculados a los intereses y a la política exterior norteamericana, se podría decir que existe el surgimiento de un fascismo dependiente y alineado a los intereses imperialistas, cosa que no es sospechosa.

Es por ello que, en el caso venezolano, las facciones opositoras al proyecto bolivariano reclaman a viva voz la intervención militar extranjera para derrocar al gobierno bolivariano a cambio de subordinación geopolítica.

Tras años de arremetida del fascismo, Venezuela desde el 2024 se ha convertido en el epicentro de la estrategia mundial de lucha contra el fascismo, el neofascismo y expresiones similares. Recientemente se celebró el primer Festival Mundial Internacional Antifascista en Venezuela, que convocó en Caracas a 125 países que lograron establecer acuerdos y alianzas comunes para afrontar las amenazas del fascismo y consolidar la lucha por la paz de los pueblos.

La lucha contra el fascismo y demás expresiones como el imperialismo, el sionismo y neocolonialismo son causas comunes de los pueblos que históricamente se le ha postergado su emancipación. Tales expresiones de lucha se enmarcan en acciones de denuncia del fascismo, concientización y organización de las bases populares, movilización social y la solidaridad internacional, y el desarrollo de la cultura de paz como valores indeclinables del nuevo mundo que viene surgiendo.

Reflexiones finales

El asedio geopolítico contra Venezuela sigue latente, y toca desde la experiencia propiamente bolivariana y latinoamericana afrontar todas las formas de agresión a su soberanía nacional. La resistencia del pueblo bolivariano encarna el legado y memoria del comandante Hugo Chávez Frías, para defender el proyecto bolivariano y los destinos inembargables de la nación.

Hoy día Venezuela se constituye en el epicentro de la lucha mundial contra el fascismo, una lucha que incardina con la emergencia del multiporalismo que constituye una alternativa al orden internacional, cuya hegemonía y centralidad se atribuía a Estados Unidos. El fascismo no tiene cabida en el nuevo orden mundial que se basa en el equilibrio de poder, el derecho a la autodeterminación de los pueblos y la cooperación multilateral.

La revolución bolivariana y el pueblo venezolano son el estandarte de la estrategia geopolítica contra el fascismo internacional que representa una amenaza para la paz no solo de Venezuela, sino del mundo entero.

(*) Docente-investigador y analista geopolítico de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua.

2 Comments

  1. Felicidades al autor, por la claridad que muestra sobre las nuevas formas del fascismo, y como el denominado defensor de la democracia mundial adoptado en sí y para si, este sistema con el fin de justificar sus dominio, como los denominado defensores de la democracia liberal ahora asumen, adoptan estás formas brutales, sin importar las matanzas como el caso de los hermanos palestinos que han resistido está embestida del sionismo que con el apoyo de occidente han matado asesinado , y asesinan al pueblo, pero algo curioso está pasando en el mundo africano, los pueblos se están rebelando a montón y eso dice que ya occidente y EEUU está en su etapa final.

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