
Josseline Yaleska M. Berroterán (*)
Donald Trump es reelecto como el presidente N°47 de los Estados Unidos y regresa a la casa Blanca en un contexto político más favorable que el de su primer mandato. Logró obtener la mayoría del voto popular y el control en las dos cámaras del Congreso, lo que de entrada le garantiza el poder absoluto para ejecutar su agenda de gobierno cómodamente.
Si ben el presidente Trump aún no ejerce sus funciones, sino hasta en enero del 2025, los primeros movimientos políticos realizados en la primer semana de haber sido declarado electo envía mensajes claros del devenir de su gobierno. Los nombramientos de algunos personajes que conformarán su equipo de trabajo anuncian la aplicación de políticas radicales y disruptivas.
En ese sentido, el tema migratorio ha tomado relevancia en la opinión pública y ha despertado expectativas para los países de la región latinoamericana, así como para los migrantes ilegales radicados en EEUU. De acuerdo a las cifras más recientes, se estiman alrededor de 11 millones de migrantes indocumentados en ese país, del cual se cree que el 8% tiene algún tipo de récord criminal, lo que se traduce en un riesgo mayor para los países de origen de estas personas, puesto que podrían convertirse en blancos seguros del crimen organizado y sus estrategias de reclutamiento, una vez iniciadas las deportaciones masivas que ha prometido la administración de Trump.
Parte del éxito de la campaña electoral del presidente Trump en 2016, fue la capitalización del sentimiento racista y antiinmigrante del electorado estadounidense como una bandera discursiva para captar la mayoría del voto, mensajes que sirvieron como referentes de sus promesas de campaña, al igual que la construcción del muro en la frontera sur con México. Estas ideas y retórica regresaron al vocabulario de campaña electoral en el 2024, posicionándose nuevamente como los principales ejes de su futura agenda de gobierno.
Durante el primer gobierno de Trump, se implementaron políticas migratorias agresivas, como la separación de al menos 4 mil niños de sus padres que luego eran establecidos en campamentos donde permanecían recluidos. De igual manera, impulsó flujos de deportaciones y estableció, en conjunto con el gobierno mexicano. el protocolo de “Quédate en México”, como una medida para regular y amortiguar el flujo migratorio en la zona fronteriza.
Posibilidades reales de una política migratoria agresiva
En principio, es importante señalar dos elementos que diferencian a la administración Trump de 2016, con la futura administración 2025. El primer elemento se trata de la experiencia y claridad política que ha logrado acumular, conoce y entiende mejor cómo funciona el sistema y cuáles serían sus márgenes de maniobra al momento de ejecutar políticas públicas agresivas.
Esta claridad y capacidad política se ha visto reflejada en la designación de sus primeros miembros de gabinete, como Thomas Homan, ex director del servicio migratorio estadounidense (CIE), a quien se le conoce como el “Zar de la frontera” e Ideólogo de la política “tolerancia cero” del trumpismo en 2017. Homan, además, trabajó para la administración Obama coordinando una parte de la histórica oleada de deportaciones masivas en 2013, cuando se reportó el pico más alto de 432,000 personas.
El segundo elemento clave es la unidad política del Partido Republicano y en específico la unidad del movimiento trumpista, lo que le permitiría ejecutar acciones que cuenten con el respaldo político del partido y sus seguidores. Esta unidad política y fortalecimiento ideológico se logró vislumbrar con los resultados obtenidos, mientras le confiere mayores facultades y legitimidad social para promover una agenda política disruptiva frente a los indocumentados.
La tendencia hacia un gobierno unificado no solo le permitiría promover políticas migratorias, sino también otras medidas públicas como el aumento de aranceles a importaciones, reducción de programas sociales, mayor presencia policial, política pro armamentista. Se entiende entonces que la nueva administración Trump precisa de mayor experiencia y unidad política, lo que le facilita establecer una agenda gubernamental más radical que la primera administración.
¿Qué hay detrás de la retórica antiinmigrante?
A inicios del 2023, seis de cada 10 estadounidenses expresaban que uno de los principales problemas de la economía era la migración, de ahí el origen de establecer discursos antiinmigrantes desde el ala republicana más radical, misma que criticaba ferozmente las acciones del gobierno demócrata de Biden.
Sin embargo, la otra realidad ampliamente documentada es que EEUU es un país fundado, organizado e impulsado por la población inmigrante, lo que genera una correlación socioeconómica entre inmigrantes y crecimiento económico del país. Esto significa que gran parte de la economía estadounidense es generada por la mano de obra de los inmigrantes, quienes constituyen en su amplia mayoría la clase trabajadora y productiva del país.
Según la oficina de estadísticas laborales, a finales del 2023 EEUU tenía alrededor de 9 millones de vacantes laborales que fueron absorbidas a partir de los flujos migratorios experimentados en 2024, que además fueron regulados y gestionados por el mismo país a través de medidas como el “Parole”. La situación del mercado laboral estadounidense también se explica a partir de su crecimiento demográfico, mismo que ha demostrado una tendencia hacia el envejecimiento de la población nacida en ese país, provocando la disminución de mano de obra local.
Por otra parte, también es necesario señalar que, la mayoría de los empleos ofrecidos para los inmigrantes se encuentra en el sector servicios (limpieza, jardinería, asesoría, cuidados), lo que se traduce en salarios bajos, por debajo del promedio establecido por la ley. En lo sucesivo, este fenómeno permite el aumento de las ganancias y el lucro de los empleadores.
Una reducción masiva de los inmigrantes, tal y como lo ha propuesto el trumpismo, contraviene a largo plazo la estructura económica del país, lo que podría generar una inflación, los salarios de los documentados aumentaría, provocando un aumento en el costo de producción y, por ende, en el precio de los productos y servicios.
Otro dato interesante es que más del 60% de los trabajadores inmigrantes logran ubicarse en el mercado laboral, porque son más activos en la búsqueda de empleo, a diferencia de los trabajadores nacidos en el país, quienes más de la mitad que se encuentran en el desempleo no logran ubicarse en el mercado laboral. Esto también se explica por la dinámica y cultura de la población extranjera, quienes encuentran otras formas de generar ingresos a través del empleo informal o venta de sus propios productos.
El discurso anti migratorio sin duda ha logrado captar la opinión pública, en donde el electorado ha proyectado sus miedos, frustraciones, demandas y revanchismos, frente a ese enemigo común: “los inmigrantes”. Sin embargo, también es verdad que la ejecución de políticas migratorias agresivas deberá ser manejada con cálculo político y administrativo. En ese sentido, lo más probable será observar cómo se sobredimensionan las acciones migratorias a través de una comunicación política del espectáculo, como bien ha caracterizado la marca del presidente Trump.
Con esto, lo que se quiere explicar es que si bien existe una tendencia hacia una política migratoria restrictiva, a mediano y largo plazo son acciones que pueden desencadenar efectos económicos negativos para EEUU, sobretodo en un contexto internacional en el que se ha declarado la reanudación de la guerra comercial con China.
Finalmente, en esas condiciones, las preguntas que surgen son sobre ¿qué tantas deportaciones se ejecutarán, en una economía dependiente de la mano de obra inmigrante? ¿Qué tan masivas terminarán siendo?
*La autora es Politóloga, relacionista internacional, docente universitaria, especializada en Comunicación y Marketing Político.