
- Unidad del FSLN juntó esperanzas en la victoria final
- Con el ataque al Jícaro, Nueva Segovia, se rompieron los fuegos
- En Semana Santa de 1979 fue la segunda insurrección de Estelí
La unidad indestructible del sandinismo se concretó y anunció el 8 de marzo de 1979. Fue en saludo y homenaje a las mujeres del mundo, en especial a las revolucionarias y combatientes de la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que luchaba por derrocar a la dictadura del general Anastasio Somoza Debayle, graduado de la Academia Militar West Point, en Nueva York.
David Gutiérrez López
El 26 del mismo mes, el comandante German Pomares Ordoñez, “El Danto”, jefe del Frente Norte Carlos Fonseca Amador, dirigió con una columna guerrillera la toma del comando de la guardia en el Jícaro, a 280 kilómetros de Managua, donde murió el jefe, el sargento Horacio Ramírez, y todo el personal militar, salvándose únicamente un soldado que se lanzó al excusado del cuartel. Con ese ataque se estaba iniciando la Ofensiva Final del sandinismo contra el somocismo.
Testigos de la época relataron que, al día siguiente, el soldado lleno de excretas fue sacado en estado demencial y entregado a socorristas de la Cruz Roja.
La reunificación del sandinismo se logró en la Habana, Cuba, por sabios consejos del comandante Fidel Castro Ruz. En ese acuerdo se estableció integrar una Dirección Nacional Conjunta, integrada por tres miembros de cada tendencia. Por la Guerra Popular Prolongada (GPP) Tomás Borge, Henry Ruiz y Bayardo Arce; Tendencia Insurreccional (TI) Daniel Ortega, Humberto Ortega y Víctor Tirado López; Tendencia Proletaria (TP) Jaime Wheelock, Carlos Núñez y Luis Carrión.
Estados Unidos fracasaron en la mediación
En tanto, el gobierno de los Estados Unidos había fracasado al intentar un proceso de mediación con el gobierno de Somoza y las fuerzas insurgentes sandinistas que concluyeran en un plebiscito, para que al caer Somoza el FSLN no lograra un triunfo contundente. Los estadounidenses planificaron que la guardia (creada y formada por los norteamericanos) quedara en manos de oficiales somocistas no identificados o señalados en crímenes contra el pueblo.
Las intenciones era darle un maquillaje a la guardia, ofrecerle al Frente Sandinista una mínima participación y dejar en el país lo que el propio Somoza pretendió al instalar como presidente al congresista liberal Francisco Urcuyo Maliaños, y que de acuerdo al plan norteamericano debería llamar en una corta transición al congreso somocista para elegir un presidente, que posteriormente le entregaría el mando a la recién electa Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.
El “tal Urcuyo” cambió el acuerdo y dijo ser el presidente, en tanto llamó a las fuerzas insurrectas a deponer las armas “ante el altar de la patria”, porque él terminaría el periodo de Somoza hasta mayo de 1981 para establecer “un somocismo sin Somoza”.
Esa posición de fuerza del somocismo y el liberalismo, que pretendía el pronto retorno de su líder, obligó a que las fuerzas guerrilleras del Frente Sandinista aceleraran el accionar de sus ataques, logrando la rendición de la G.N en pocas horas antes del 19 de julio de 1979, dando paso al triunfo de la Revolución Popular Sandinista.
La Semana Santa en insurrección
Era el año 1979. En Estelí, a 150 kilómetro de Managua, había estallado una espontánea insurrección que la población apoyó luego que dos columnas guerrilleras, dirigidas por los comandantes Francisco Rivera, (Rubén o El Zorro) y Juan Alberto Blandón (Froylán), ingresaron a la ciudad en plena Semana Santa, el domingo ocho de abril, a eso de las 4: 30 de la tarde, cuando el intenso sol de ese verano comenzaba a ocultarse para dar paso a la noche insurrecta.
Los planes consistían en realizar acciones de hostigamiento a la guardia. Ese 8 de abril, guerrilleros de las columnas Facundo Picado y César Augusto Pinell atacaron sorpresivamente Condega, en el departamento de Estelí, controlando un tramo de la carretera Panamericana. Los ataques se extendieron a Pueblo Nuevo, al Sauce, Achuapa, Limay, San Rafael del Norte y San Juan de Limay, entre muchos sitios que causaron temor y causaron severas bajas a los guardias.
Los guerrilleros al mando del Zorro se encontraron con un apoyo masivo de la población, que de inmediato comenzó a levantar barricadas y asistir a los combatientes con café, pan y alimentos. Mientras, los insurrectos tomaban posiciones en lo que se conoce como la segunda insurrección de Estelí, las tropas de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), en número de dos mil, conducidas en helicópteros, armados con fusiles Galil de fabricación israelita, ametralladoras Browning calibre 50 y apoyados por la aviación, formaron un cerco con intenciones de exterminar a los guerrilleros.
El comandante Francisco Rivera, “El Zorro”, en una jugada audaz, planificó un repliegue de los combatientes y formó una vanguardia con los mejores armados y experimentados combatientes, seguido de población civil, heridos, niños, ancianos y mujeres, al final la retaguardia que protegía la retirada.
Fueron más de mil personas que se replegaron en silencio el 13 de abril a eso de las 9 de la noche. Un día antes, el 12 había caído en combate el segundo jefe de esa insurrección, “Froylán”. Los combatientes sandinistas no podían dejar en la ciudad a los muchachos que les habían apoyado en esa gesta que burló al ejército de Somoza. Al amanecer del día siguiente de la retirada, el 14 de abril, la columna de la retaguardia todavía caminaba a escaso un kilómetro de la entrada de la ciudad.
Los guerrilleros que recibieron apoyo de fuerzas dirigidas por Julio Ramos (q.e.p.d) se retiraron por el sector de El Calvario hacia el elevado cerro Tomabú, ubicado a unos 10 kilómetros de Estelí. El cerco había sido burlado. La noticia se difundía por la clandestina Radio Sandino, con el ruido esparcido de ráfagas de ametralladora. Con esa acción creció la leyenda del Zorro en la guerrilla.
Quisieron intervención de los cascos azules
Los norteamericanos, en un intento de abortar el triunfo de la revolución, convocaron a través del departamento de Estado el 21 de junio de 1979 que la Organización de Estados Americanos (OEA) enviara a los cascos azules, conocidos como fuerza de paz, que responden al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y creada por acuerdo de varios países el 21 de octubre de 1947.
La intervención de los Cascos Azules significaba establecer un cese al fuego entre las fuerzas de la guerrilla sandinista y la G.N, cuya mayor capacidad de fuego y operatividad descansaba en las tropas élites de la EEBI dirigida y controlada personalmente por el hijo del dictador apodado “El chigüín”, Anastasio Somoza Portocarrero, quien sería el sucesor en la dinastía.
La inmensa mayoría de países de la OEA rechazaron la propuesta intervencionista, misma que fue denunciada en el seno de esa organización por el padre Miguel d’Escoto, el primer canciller sandinista, quien ocupó la silla ofrecida solidariamente por Panamá para hablar en ese seno sin todavía tomar el poder.
Mientras el FSLN asestaba golpes a la guardia en municipios y comarcas, en León se agilizaban los preparativos de la insurrección; la estructura político-militar del tercerismo en esa ciudad, mientras se encontraban en una reunión de planificación, fueron sorprendidos tras un operativo de la G.N que incluyó tanques blindados.
Los militantes sandinistas ubicados en una casa del Reparto Veracruz, Oscar Pérez-Cassar, Carlos Manuel Jarquín, Roger Deshón, Edgard Lang Sacasa, Araceli Pérez Darías (mexicana) e Idania Fernández, fueron capturados desarmados y asesinados cerca de una piscina de la casa. La única sobreviviente que se camufló como empleada cuidadora de unos niños fue Ana Isabel Morales, posteriormente Ministra de Gobernación del gobierno sandinista.
A pesar de ese fuerte golpe los planes insurreccionales continuaron en León, incrementando el hostigamiento a patrullas y al comando de la 21. León se convirtió en la primera capital liberada de Nicaragua, tras la toma del Fortín de Acosasco, último reducto de la temible guardia.
El Danto en la toma de Jinotega
La columna guerrillera Oscar Turcios, al mando de El Danto y de Javier Carrión, se lanzó a la toma de la ciudad de Jinotega el 19 de mayo de 1979 con unos 600 combatientes. Luego de fuertes enfrentamientos en las calles, la guardia con apoyo de tropas helitransportadas retomó el control de la ciudad.
El legendario Danto, al cruzarse raudo una calle, fue impactado en el abdomen por una bala que lo inmovilizó el 22 de mayo. Herido fue conducido sobre una mula hacia un cerro cercano a la ciudad, donde falleció a las tres de la madrugada del 24 de mayo.
En Estelí, en la cuesta Cucamonga, fuerzas sandinistas comandadas por Emilio Gámez, emboscaron un convoy de la guardia, causándole 35 muertos, y recuperaron armas, municiones y alimentos.
Tras la muerte del Danto, la dirección del FSLN orientó al comandante Edén Pastora, jefe del Frente Sur Benjamín Zeledón, incrementar las acciones de movimiento y ataque en Peñas Blancas y Sapoá, con el fin de empantanar a las tropas élites de la guardia que se trasladaron a la zona con un fuerte arsenal a fin de detener la ofensiva sandinista proveniente del sur.
La dirección sandinista insurreccional, en un análisis de la situación que realizaron con Edén Pastora, concluyeron que era la única y última oportunidad que tenían para emprender el camino hacia la victoria; por lo tanto, solo quedaba impulsar la insurrección en todo el país, echándolas todas para lograr derrocar a la dictadura e impedir una maniobra mediatizadora de los Estados Unidos.
Una limpia victoria de las fuerzas insurrectas se ponía en peligro en caso de darle un respiro a las tropas de la guardia somocista.
La insurrección en occidente
Las limitaciones en armas y pertrechos de las fuerzas insurrectas retrasaban el inicio de la ofensiva. En León se contaba con unos 180 combatientes fogueados, pero apenas había unas 160 armas de guerra. El Frente Occidental Rigoberto López Pérez rompió los fuegos el 31 de mayo en Chinandega, al día siguiente se insurreccionó Chichigalpa. Fue el 7 de junio que León se insurreccionó, logrando que el Estado Mayor de la G.N desatendiera el Frente Sur y reforzara León.
Radio Sandino llamó al pueblo a sumarse a la huelga general convocada por sectores empresariales, sindicales y organizaciones gremiales, anunciando la ofensiva final que conduciría a la victoria revolucionaria sandinista. El 4 de junio el país se paralizó y Somoza en respuesta impuso el Estado de Sitio el 7 de ese mes. Las calles de Managua lucían vacías, pocas gentes se atrevían a salir, mientras patrullas del Becat (Brigadas Especiales Contra Actos Terroristas) peinaban la ciudad.
El 9 y 10 de junio las fuerzas sandinistas incursionaron en los barrios orientales de Managua, de acuerdo al plan original. La población respondió solidariamente levantando barricadas para bloquear el paso de las tropas gubernamentales. En Managua se contaban en ese momento con unas 115 armas, la mayor parte de cacería como escopetas y rifles 22, unas cuantas eran armas de guerra.
La guerra insurreccional contra Somoza había iniciado. Todavía nadie sabía ni imaginaba cómo terminaría.